
“Lástima el feo día”: Como en tiempos de Macri, Milei no tuvo quién le festeje el discurso
TELEDIARIO.ar
Muchos granaderos y un operativo policial excesivo, pero poca gente: el domingo, afuera del recinto, casi nadie se acercó a saludar al Presidente en la previa de su discurso frente a la Asamblea Legislativa. Los alrededores del Congreso estaban prácticamente vacíos, pese a que a medida que fue llegando la noche hubo algunos libertarios que se acercaron, en su mayoría individualmente, a mostrar un apoyo --tibio, prácticamente sin banderas ni carteles-- al proyecto de LLA. No se replicó en la calle el cantito de “¡Presidente!, ¡Presidente!" que retumbó dentro, ni tampoco gritos de “Viva la libertad carajo”. El coche que llevaba a Javier Milei no detuvo su marcha desde Rivadavia hasta ingresar al Palacio: no hubo saludos, contacto humano. Por momentos, la escena hizo recordar el icónico “lástima el feo día...” de Mauricio Macri, con la salvedad de que el clima esta vez acompañó.
Durante todo el domingo, el tránsito en la zona del Congreso y el microcentro se vió alterado, con decenas de calles cortadas y miles de efectivos de las fuerzas de seguridad afectados al operativo, como si se esperasen multitudes: no fue nadie. Todo el vallado sólo sirvió para darle marco al paso solitario del Presidente, su séquito del gabinete y los granaderos y los policías. Los pocos que fueron a saludarlo se quedaron con las ganas de verlo, en persona o por las pantallas, que tampoco las hubo.
Algunos despistados y curiosos se asomaban al vallado, intentando averiguar la razón de tal preparativo. Otros tantos, se movilizaron al Congreso con el objetivo de disfrutar del desfile de los granaderos. Aquellos que efectivamente estaban ahí para apoyar al libertario, optaron por no llevar elementos identificatorios. Los carteles con frases ingeniosas que se acostumbran a presentar en las movilizaciones brillaron por su ausencia, las banderas argentinas se contaban con los dedos de la mano, y de las aclamadas Fuerzas del Cielo, con sus remeras color granate con letras doradas, ni noticias.
Libertarios opinan
El tiempo compartido a la espera del espectáculo, hizo que los asistentes dialoguen entre ellos sobre la coyuntura política. Una mujer de pelo color nieve, alrededor de los 70 años, ávida de encontrar algún par con quien hablar de la “excelente” gestión del Presidente, lanzaba comentarios al aire del estilo de “estos kukas rompieron todo el otro dia” y “no dejan gobernar”, mirando de reojo para ver si alguien le contestaba. Su primer amigo fue un efectivo de la Policía de la Ciudad que, con una actitud diferente a la acostumbrada en las últimas semanas en las manifestaciones del Congreso, se dispuso a charlar alegremente con la mujer.
Con el pasar de los minutos y entrada la noche, el ánimo de la señora comenzó a deteriorarse. “¿Qué pasa Javier que no venís?”, “dale que somos gente grande esperandote”, decía entre dientes, mientras ahora dialogaba con un hombre de mediana edad, que aseguraba que “mientras saque el país adelante, lo que diga o cómo lo diga, no me interesa”, a lo que la mujer sostenía “hay que ver si lo dejan”, incesante en su postura. Otra joven a su lado oriunda de Venado Tuerto, Santa Fe, catalogó a la apertura de las sesiones como “un hecho histórico ver al Presidente acá”.
Para la alegría de la señora, instantes después, la sirena de los vehículos de escolta comenzó a sonar y los caballos de los granaderos empezaron a moverse. El clima tocó su punto más alto de entusiasmo en toda la noche: Un tímido aplauso salía desde la vereda, acompañado de un escueto grito de “Presidente, Presidente”, propuesto por uno de los espectadores, con poca recepción en el resto de los presentes. Entre el pisotear de los caballos, las trompetas de los granaderos y las sirenas policiales, resulta difícil imaginar que el líder libertario haya oído el apoyo desde su vehículo con los vidrios altos.
En la esquina de Rivadavia y Callao, justo al finalizar el camino presidencial hacia las escalinatas del Congreso, el ruido era mucho mayor. Un grupo de personas, con elementos de percusión improvisados, compuestos de cacharros, cubiertos y las propias vallas que las fuerzas de seguridad utilizan para blindar el Congreso en cada movilización popular, lograron hacerse un hueco entre los presentes y desplegaron carteles en repudio a la figura de Milei. “Ni ‘K’, ni zurda ni peroncha, soy votante indignada con el león”, rezaba el cartel sostenido por Liliana, una mujer, también de cabello blanco. “Lo voté, lo milité y fiscalice por él”, cuenta, explicando que “Estuve en tres grupos libertarios y me fui por la falta de tolerancia que tienen por la libertad de opinión, así que de libertario no tiene nada”.
Mientras el grupo de ambientalistas, votantes arrepentidos de Milei y ciudadanos de a pie cantaba “la patria no se vende”, fueron rodeados por más de una decena de efectivos de la Policía de la Ciudad, limitando su libre circulación. “El Agua nunca se negocia”, “la patria está en peligro”, “ante una guerra, neutralidad”, eran algunas de las frases escritas en las pancartas elaboradas por los manifestantes. Liliana, que del otro lado de su cartel escribió “Su plan, mi voto, todo se esfumó; Milei, el gran ilusionista”, argumentó que la gran razón por la que abandonó el espacio libertario, además de la poca tolerancia a la libertad de expresión, fue que “ahora está vendiendo el país en pedacitos, a cada país con el que el tiene simpatía y hace de su opinión personal, la postura de un país que no piensa como el”.
Luego del paso del Presidente por la avenida Rivadavia, la desconcentración, que parecía ser en un control inalterable, se vio afectado porque los simpatizantes de La Libertad Avanza, al pasar por el reducido espacio que le otorgaron a los opositores, comenzaron a provocarlos al grito de “kukas”, “no vuelven más”, y “vayan a laburar”, lo que provocó un pequeño momento de tensión, con el intercambio de insultos, ante la atenta y pacífica mirada de las fuerzas de seguridad, que jamás amagaron a separar ni intentar calmar las aguas. Finalmente, la tensión se disipó y la desconcentración se dio sin mayores altercados.


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