
Huellas del pasado en nuestro código genético: las poblaciones actuales conservan hasta un 6% de ADN arcaico
TELEDIARIO.ar
Los avances de la paleogenómica han desmontado de forma definitiva la hipótesis clásica de que el Homo sapiens sustituyó por completo a otras especies al expandirse por el planeta. El análisis de secuencias genéticas fósiles confirma que los humanos modernos se cruzaron de manera recurrente con neandertales y denisovanos tras abandonar África hace entre 70.000 y 50.000 años, integrando fragmentos de ADN arcaico que otorgaron ventajas evolutivas inmediatas y continúan cumpliendo funciones determinantes en la biología de las poblaciones contemporáneas.
El cambio de paradigma cobró fuerza tras la secuenciación del genoma neandertal desarrollada por el equipo de Svante Pääbo, la cual determinó que todas las poblaciones actuales no africanas conservan entre un 1% y un 2% de material genético de esta especie. Dicho intercambio se produjo cuando los primeros grupos de Homo sapiens entraron en contacto en Próximo Oriente y Eurasia con comunidades neandertales previamente adaptadas a las exigencias del entorno paleolítico.
A este panorama se sumó en 2010 el hallazgo del linaje denisovano a partir del ADN obtenido de un fragmento óseo en la cueva de Denisova, en el macizo del Altái (Siberia). Los análisis genéticos posteriores revelaron una distribución geográfica desigual de este aporte: mientras que en el este y sudeste asiático se registran cruces con al menos dos linajes denisovanos diferenciados, los pueblos indígenas de Oceanía y Melanesia retienen entre un 4% y un 6% de su genoma derivado de este homínido extinto. Asimismo, fósiles directos de primera generación, como el individuo Denisova 11 («Denny»), hijo de madre neandertal y padre denisovano, ratifican que los intercambios reproductivos entre linajes arcaicos eran habituales en áreas de coexistencia territorial.
Lejos de conservarse como secuencias inertes, el material genético retenido sobrevivió gracias al proceso de introgresión adaptativa. Entre los beneficios heredados destacan variantes de receptores inmunitarios como TLR1, TLR6 y TLR10, que permitieron a los grupos migratorios hacer frente a patógenos desconocidos en África. Del mismo modo, la variante denisovana del gen EPAS1 facilitó la supervivencia en las alturas del Tíbet al optimizar la oxigenación de la sangre, mientras que secuencias neandertales ligadas al metabolismo de los lípidos mejoraron la termorregulación frente a los rigores del clima euroasiático.
A raíz de estas revelaciones, la comunidad científica ha dejado atrás el esquema del árbol evolutivo lineal para adoptar el concepto de un río reticulado, donde distintos linajes se separan y vuelven a confluir. El ser humano actual se define así como un mosaico adaptativo que integra y refleja la herencia biológica de las especies predecesoras.


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