
Investigación en Neuron revela el papel de redes de asociación en la imaginación
TELEDIARIO.ar
La imaginación es una de las capacidades más poderosas del cerebro humano. Permite revivir sucesos pasados, ensayar conversaciones futuras o experimentar sensaciones sin contacto directo con la realidad. Tradicionalmente, se ha sostenido que las imágenes mentales dependen de la reinstauración sensorial, es decir, de la reactivación de las áreas sensoriales en ausencia de estímulos. Sin embargo, un nuevo estudio de la Universidad Northwestern (Estados Unidos) sugiere que este proceso es más complejo y que intervienen redes cerebrales de orden superior.
Los investigadores realizaron resonancias magnéticas funcionales de alta precisión a ocho participantes, quienes debían imaginar escenas como una fiesta infantil o un castillo en la cima de una colina. Los resultados mostraron que la viveza de las imágenes mentales estaba vinculada a la actividad en redes cerebrales de asociación, más desarrolladas en los humanos que en otros primates. Estas áreas no solo procesan información sensorial, sino que la transforman en significado, permitiendo representar escenas completas, palabras o ideas.
El estudio reveló que distintos tipos de imaginación activan diferentes redes neuronales. Cuando los participantes imaginaban escenas, se activaba la llamada “red por defecto”, asociada al hipocampo y al pensamiento interno. En cambio, al imaginar diálogos o lenguaje, se activaba la “red del lenguaje”. En ambos casos, la imaginación se superponía con la percepción en regiones cerebrales transmodales de alto nivel, y no en áreas sensoriales tempranas, lo que cuestiona la teoría clásica de la reinstauración sensorial.
Los hallazgos sugieren que la imaginación depende de sistemas interpretativos de nivel superior, responsables de integrar y dar sentido a la información. Según Rodrigo Braga, autor principal del estudio, la imaginación opera en un espacio holístico que utilizamos para planificar, comprender y especular. Esta nueva perspectiva no descarta la participación de la corteza sensorial, pero plantea una visión más matizada sobre cómo el cerebro genera imágenes mentales, ampliando la comprensión de los procesos cognitivos humanos.


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