
La microbiota no se reprograma con cápsulas
TELEDIARIO.ar
Los probióticos se han convertido en productos habituales en farmacias y hogares, presentados como aliados de la salud intestinal. Según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, se trata de microorganismos vivos presentes en alimentos como yogur o kéfir, cuyo consumo en suplementos ha crecido en los últimos años. La doctora Lucía Márquez, del Hospital del Mar, señala que el interés responde tanto a avances científicos como a estrategias comerciales, aunque advierte que los cambios que generan en la microbiota son temporales y no permanentes.
El auge de estos productos se explica por su eficacia en situaciones específicas, como la prevención de la diarrea asociada al uso de antibióticos, donde algunas cepas han demostrado utilidad. También se emplean en pediatría, por ejemplo en cólicos del lactante, y entre viajeros que buscan reducir trastornos digestivos. Sin embargo, especialistas como Anna Ramírez, del Col·legi de Farmacèutics de Barcelona, subrayan que la evidencia científica es insuficiente para recomendar su uso generalizado en casos de hinchazón, gases o molestias digestivas, ya que los síntomas son inespecíficos y la microbiota de cada persona es única.
Otro aspecto que genera preocupación es la falta de regulación en el mercado europeo. La Comisión Europea ha detectado interpretaciones diversas sobre el término “probiótico”, lo que permite la comercialización de suplementos con microorganismos añadidos sin criterios uniformes. Ramírez recomienda a los consumidores verificar que los productos identifiquen claramente las cepas, la cantidad de microorganismos vivos y las condiciones de conservación. Además, advierte que errores comunes, como tomarlos junto a antibióticos o conservarlos mal, reducen su eficacia. Para Márquez, la clave sigue siendo una alimentación saludable, rica en fibra y alimentos fermentados, como la mejor estrategia para mantener la salud intestinal a largo plazo.
En conclusión, los especialistas coinciden en que los probióticos pueden ser útiles en contextos concretos, pero no representan una solución definitiva para reprogramar la microbiota. La herramienta más eficaz para cuidar el ecosistema intestinal sigue siendo una dieta equilibrada y sostenida en el tiempo, lejos de la promesa de una cápsula milagrosa.



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