
Pérdida de 90.000 empleos y fuertes reproches marcan el festejo más amargo de la industria argentina
TELEDIARIO.ar
En un clima atravesado por la recesión y el distanciamiento del Gobierno nacional, la Unión Industrial Argentina conmemoró el Día de la Industria en la planta de los laboratorios ELEA, en el partido bonaerense de Malvinas Argentinas. El encuentro estuvo marcado por el vaciamiento oficial ordenado por el presidente Javier Milei, quien instruyó a sus principales funcionarios —incluidos Luis Caputo y el jefe de Gabinete, Diego Santilli— a no asistir, dejando como única presencia testimonial al secretario de Producción, Pablo Lavigne. Pese a que la entidad fabril evitó invitar al gobernador bonaerense Axel Kicillof con la intención de asegurar la participación libertaria, la Casa Rosada desairó la cita y optó por asistir por la tarde a un foro libertario en el Hotel Sheraton, donde el mandatario insistió con sus críticas hacia el sector productivo.
Presionado por las bases fabriles y las federaciones provinciales de la Junta Directiva, el presidente de la entidad, Martín Rappallini, abandonó la habitual moderación para advertir sobre la gravedad del retroceso económico. Durante su discurso, el dirigente expuso que la actividad productiva se encuentra un 10 por ciento por debajo de los registros de 2022 —con caídas sectoriales de hasta el 30 por ciento— y alertó sobre la destrucción de más de 90.000 empleos registrados. En ese sentido, cuestionó el enfoque gubernamental al enfatizar que la economía no puede evaluarse exclusivamente por la baja inflacionaria e instó a construir un esquema de transición que restablezca el crédito, alivie la carga del costo argentino y combata la competencia desleal frente a la apertura indiscriminada de importaciones.
El malestar interno escaló en contundencia a través de los sectores más duros de la conducción, en lo que funcionó como una coordinada estrategia gremial empresaria. Referentes de la entidad descargaron duros cuestionamientos hacia la conducción del Palacio de Hacienda; el vicepresidente santafesino Guillermo Moretti afirmó sin rodeos que el país se encuentra manejado por «un endeudador, un trader que no sabe lo que es un torno», objetando el perfil financiero del ministro Caputo y su falta de empatía con la realidad fabril. A los reclamos se sumaron históricos dirigentes farmacéuticos y el textil Claudio Drescher, quien advirtió taxativamente que la continuidad de este rumbo económico conducirá a «un país roto».
El acto evidenció así un cambio de postura estructural dentro del establishment manufacturero, donde incluso holdings de peso que antes propiciaban la moderación comenzaron a distanciarse de la gestión libertaria. El balance de la jornada dejó al descubierto una fractura inocultable: mientras los directivos fabriles reclaman medidas urgentes para evitar la quiebra masiva de empresas y el deterioro del tejido social, el Poder Ejecutivo ratifica una agenda económica en la que el sostenimiento de la producción nacional parece haber quedado totalmente marginado de las prioridades oficiales.


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