
La OMS desaconseja el uso de fármacos GLP-1 en menores de 10 años y prioriza la nutrición familiar
TELEDIARIO.ar
La Organización Mundial de la Salud (OMS) presentó a nivel global sus nuevas directrices tituladas «WHO guidelines on the integrated management of obesity in children and adolescents», orientadas a establecer una ruta clínica basada en evidencia ante el aumento sostenido de la patología, cuya prevalencia en menores de 19 años se cuadruplicó desde 1990 hasta alcanzar a más de 170 millones de menores. El marco normativo descarta el empleo de medicamentos para la pérdida de peso en menores de 10 años y prioriza intervenciones integradas de nutrición, cambio conductual familiar y atención primaria sobre las terapias farmacológicas.
Exclusión categórica en menores de 10 años
El documento técnico divide sus recomendaciones en dos rangos etarios. Para el segmento de 0 a 9 años, la OMS desaconsejó explícitamente el uso de medicamentos para la pérdida de peso —incluidos los análogos del receptor GLP-1—, la cirugía bariátrica y los dispositivos mecánicos para el control del peso.
El fundamento científico expuesto por el organismo radica en la ausencia de ensayos clínicos de largo plazo sobre la seguridad, la adherencia y el impacto potencial de estos productos en el crecimiento lineal, la masa ósea y el desarrollo endocrino continuo de los pacientes. En consecuencia, la intervención se restringe de manera exclusiva a programas estructurados y sostenidos de nutrición familiar, actividad física y cambios de conducta en el entorno del hogar y la escuela.
Criterios condicionales en adolescentes
Para el grupo de 10 a 19 años, las pautas establecen una diferencia respecto a las directrices de adultos, donde los análogos de GLP-1 cuentan con indicaciones más amplias. En la población adolescente, los fármacos antiobesidad autorizados no constituyen un tratamiento de primera línea y su consideración es de carácter condicional.
Su indicación queda restringida a casos donde se haya demostrado el fracaso previo de programas multidisciplinarios supervisados de cambio de hábitos y nutrición, limitándose a pacientes seleccionados con comorbilidades severas como diabetes tipo 2 establecida, esteatosis hepática avanzada o hipertensión severa. Dicho abordaje debe realizarse bajo estricta monitorización médica y como complemento, sin sustituir la intervención en el estilo de vida. En tanto, la cirugía bariátrica se reserva con carácter excepcional para adolescentes con obesidad extrema, definida como un índice de masa corporal (IMC) para la edad superior a 4 desviaciones estándar por encima de la mediana de crecimiento de la OMS, sumado a complicaciones metabólicas graves.
Abordaje nutricional, salud mental y tecnología
En materia nutricional, la OMS rechazó la implementación de dietas restrictivas extremas o planes con déficit calórico agresivo, al advertir que pueden interferir con el crecimiento estatural y favorecer la aparición de trastornos de la conducta alimentaria (TCA). En su lugar, promueve patrones sostenibles fundamentados en alimentos frescos, no procesados, legumbres, vegetales y cereales integrales, como el patrón mediterráneo, junto con la reducción de azúcares añadidos, sodio y productos ultraprocesados.
El esquema asistencial exige abordar la salud mental —incluyendo cuadros de ansiedad, depresión, desregulación emocional y situaciones de acoso escolar (bullying)— e instruye al personal de salud a solicitar consentimiento al menor antes de tratar el tema del peso, con el fin de evitar la estigmatización médica. Asimismo, se contemplan de forma condicional intervenciones de salud digital mediante aplicaciones móviles de movimiento o videojuegos activos, siempre bajo la supervisión de adultos para controlar el sedentarismo frente a pantallas.
Criterios de diagnóstico y curvas de crecimiento
La evaluación clínica no emplea cifras fijas de IMC pediátrico, sino puntuaciones z o desviaciones estándar (DE) respecto a poblaciones de referencia, estructuradas en dos etapas:
Menores de 5 años (Patrones de Crecimiento Infantil de la OMS): Evaluados mediante peso para la longitud/estatura o IMC para la edad. Se cataloga como riesgo de sobrepeso los valores entre mayores a +1 DE y +2 DE (percentil 85 a 97); sobrepeso de mayor a +2 DE a +3 DE (percentil 97 a 99.9); y obesidad cuando se supera +3 DE (por encima del percentil 99.9). El rango de +1 DE a +2 DE se tipifica como riesgo de sobrepeso para evitar restricciones en fases de desarrollo neurológico y físico acelerado.
De 5 a 19 años (Patrones de Referencia de la OMS 2007): Evaluados por IMC para la edad. El normopeso se sitúa entre -2 DE y +1 DE (percentil 3 a 85); el sobrepeso entre mayor a +1 DE y +2 DE (percentil 85 a 97, equivalente a un IMC adulto de 25 kg/m²); la obesidad entre mayor a +2 DE y +3 DE (percentil 97 a 99.9, equivalente a un IMC adulto de 30 kg/m²); y la obesidad severa o extrema por encima de +3 DE (superior al percentil 99.9).
A nivel interpretativo, la puntuación 0 o mediana representa el promedio óptimo de la población de referencia sana. El diagnóstico formal no depende de mediciones aisladas, sino de la trayectoria longitudinal de la curva —considerando como signo de alerta si se cruzan hacia arriba dos líneas de desviación estándar en pocos meses—, complementada con evaluaciones clínicas que descarten hipertrofia muscular o edema, e incorporen la medición de la circunferencia de cintura, tensión arterial, glucemia, perfil lipídico y antecedentes metabólicos familiares.


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