Los telescopios Hubble y James Webb revelan los secretos fósiles en los confines del sistema solar

Con diámetros que descienden hasta apenas cinco kilómetros —cinco veces menores a lo alcanzable por los observatorios terrestres más avanzados—, estos hallazgos, publicados en dos estudios complementarios en The Astronomical Journal, representan una ventana directa a los planetesimales primordiales que sirvieron de bloques constructores para el sistema solar.
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En un hito sin precedentes para la astronomía moderna, un equipo internacional de científicos ha coordinado por primera vez las observaciones de los telescopios espaciales James Webb y Hubble para caracterizar 27 objetos transneptunianos recién descubiertos. Estos cuerpos, situados más allá de la órbita de Neptuno, figuran entre los más diminutos y tenues jamás captados de forma directa, destacando uno de ellos por emitir un brillo tan ínfimo que equivale a distinguir un enjambre de luciérnagas en la Luna desde la superficie terrestre. Con diámetros que descienden hasta apenas cinco kilómetros —cinco veces menores a lo alcanzable por los observatorios terrestres más avanzados—, estos hallazgos, publicados en dos estudios complementarios en The Astronomical Journal, representan una ventana directa a los planetesimales primordiales que sirvieron de bloques constructores para el sistema solar.

La estrategia de combinar el registro infrarrojo del Webb con la luz visible del Hubble permitió a las astrofísicas Marielle R. Eduardo y Anastasia N. Morgan desentrañar con precisión la órbita, el tamaño y la composición química superficial de estos cuerpos celestes. El análisis examinó tanto a la población dinámicamente «fría», compuesta por reliquias que permanecieron en sus órbitas originales casi circulares, como a la «caliente», arrojada a trayectorias elípticas e inclinadas durante la migración temprana de los gigantes gaseosos. Al no haber concluido la fase de fusión planetaria en los confines exteriores, ambos grupos constituyen una auténtica reserva fósil congelada en el tiempo que preserva intacto el material del disco protoplanetario original.

Los resultados contradicen las teorías previas de formación planetaria, las cuales sostenían que los objetos transneptunianos más pequeños habrían sufrido intensos impactos que alterarían sustancialmente sus propiedades respecto a los cuerpos mayores. Contrario a lo esperado, las mediciones revelaron que las piezas diminutas conservan tonalidades y composiciones geoquímicas idénticas a las de sus pares de gran tamaño. Este comportamiento uniforme sugiere que las colisiones en el cinturón exterior han sido considerablemente menos frecuentes de lo calculado o que estos astros poseen una capacidad singular para conservar intacta su composición elemental a pesar de los choques pasados.

Asimismo, la investigación arrojó una sorprendente coincidencia en la distribución de tamaños entre ambas poblaciones, independientemente de si se originaron en zonas densas o dispersas del disco circundante. Como destacó la investigadora Marielle Eduardo, el mecanismo de aglutinación de planetesimales parece operar con independencia de la temperatura y la densidad local del entorno primitivo, produciendo dimensiones homogéneas en todo el sistema solar naciente. No obstante, el hallazgo de un número notablemente inferior de cuerpos ultrarraducidos frente a las proyecciones teóricas obliga a revisar los modelos actuales sobre la génesis planetaria y el destino de los escombros cósmicos.

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